Un milagro: La Casa del Poeta en Trasmoz
Fue en Soria, el pasado 21 de abril, con motivo de mi presencia en la Feria del Libro de esa ciudad. Amalia Iglesias y yo leímos, en el Casino, poemas a un puñado de lectores y lectoras amantes de la lírica, militantes de la cultura en la localidad y animadores de cuanto acontecimiento literario se fragua en las tierras machadianas. Cuando finalizó la lectura, se dirigió a mí Trinidad Ruiz Marcellan, la fundadora, impulsora y mantenedora de la colección Olifante de poesía, toda una institución en Aragón (con sede en Tarazona) y uno de los referentes más sólidos de la poesía española de las últimas décadas. No conocía a Trinidad, pero ella se apresuró a presentarse y a regalarme una de las novedades recién aparecidas de su colección. Me sentí honrado: tengo una querencia muy especial por los libros, bellísimamente editados, de Olifante, y tener frente a mí a la artífice de ese proyecto ya era de por sí un acontecimiento. Pero Trinidad fue más allá de aquella entrega: me habló de otra realidad que, como Olifante, fue proyecto un día. Me habló del Festival Internacional de Poesía del Moncayo (arriba, foto de la mítica montaña), de la geografía literaria de ese monte tan vinculado a la obra de Bécquer o de Antonio Machado, y me habló, de manera muy especial, de La Casa del Poeta en Trasmoz. Se trata de una vieja bodega de una casa de labranza que ha sido rehabilitada por la Asociación Cultural Olifante y adquirida por el ayuntamiento de Trasmoz (con la colaboración del gobierno regional y la diputación provincial), situado en la comarca "moncayana". Es una suerte de residencia para poetas, becados o no becados, a la que pueden acudir durante un tiempo para escribir, trabajar en un proyecto de creación o de investigación poética. Todo ello, aderezado con una magnífica biblioteca especializada en poesía, con organización de encuentros, charlas o recitales de la obra del poeta "becado" por las Tierras del Moncayo. ¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir durante una semana, o 15 días o un mes una experiencia como ésa? Pues bien, Trinidad Ruiz Marcellan me inivtó a ello. Me habló, con pasión militante, de los tres años que lleva funcionando, de los poetas que ya han disfrutado de sus instalaciones, de cómo el pueblo de Trasmoz, con motivo del Festival Anual de Poesía, se convierte en un espacio en el que los poetas, esos seres laterales y ocultos para la mayoría de la sociedad, son protagonistas. Recordé un viaje a Reggio Calabria en septiembre de 2007 con motivo de un festival de poesía al aire libre (al pie del hermoso castillo de la ciudad) que organizaba la Casa della Poesía de Salerno por iniciativa de Rafaella Marzano y Sergio Iagulli, un viaje en el que no dejé de cavilar sobre la carencia, en España, de iniciativas parecidas. Por eso, cuando supe de La Casa del Poeta de Trasmoz pensé que, en parte, esa carencia comenzaba a superarse (¿para cuándo un encuentro entre la Casa de Salerno y la Casa de Trasmoz?: me ofrezco a gestionar los contactos necesarios).
Hoy, cuando los efectos de la crisis económica se dejan notar, todos los días, en los periódicos y en los informativos de televisión, cuando, pese a esa crisis, la cultura del consumo sin límite y del aparentar parece hacerse dueña de la conciencia colectiva, cuando se declara inexistente lo que no se considera útil, me parece imprescindible resaltar el valor de la iniciativa de Trinidad y de Olifante (y del municipio de Tramoz): La Casa del Poeta es una iniciativa que merece la pena. Desde el mismo momento en que Trinidad me habló de ella a las puertas del Casino soriano tuve un convencimiento, no sé si una certeza: algún día, espero que no tardando mucho, disfrutaré de unos días de estancia allí trabajando en algún libro de poemas.
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