Olifante recibe el Premio "El Búho 2007"
La Junta Directiva de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro acordó, en su última reunión, conceder a Olifante uno de los "Premio Búho" que anualmente otorga esta Asociación y que pretende reconocer, de esta manera, la dedicación o la actuación destacada en relación con el mundo del libro en el ámbito aragonés.
Se entregó el premio el día 26 de abril , jueves, a las 19,30 horas en la Biblioteca de Aragón.
Glosa: José Ángel Monteagudo, escritor.
PREMIO BUHO 2007 A LA EDITORIAL OLIFANTE.
¡Oíd! ¡Escuchad! Suena un olifante por las tierras del Moncayo. Pero no aquel que otrora hiciese sonar Gastón de Bearn o el mismo Roldán, sino otro más poderoso y atronador, más delicado e intimista; el olifante de la poesía.
Aún resuenan los ecos de Luis Cernuda con aquellas “Cartas a Eugénio de Andrade” –hace ya casi tres décadas–, palabras que iniciaron la trayectoria de una Editorial modelo, alejada del mercado lucrativo y dedicada a plasmar los poemarios de autores noveles, cuidadas traducciones de otros vates de habla no hispana y la impagable labor de editar obras no muy conocidas –ni difundidas–, y que habían sido postergadas a un injusto olvido.
Vuelve a escucharse el olifante; sincero, intenso, vital. Clama a Luis Antonio de Villena, Ángel Crespo, Rosendo Tello, Antonio Osorio, Carlos Vitale. Suena melancólico, poseído de belleza; resuenan los versos de Julio Antonio Gómez, Ángel Guinda, Manuel Estevan, Magdalena Lasala o Miguel Labordeta.
El olifante brama entre la niebla moncaína. Intento atisbar a lo lejos la mano que lo guía. ¿Quién puede manejarlo con tanta intensidad y sensibilidad al mismo tiempo? Me acerco dubitativo a las entrañas del mítico monte, temeroso, caminando entre las sombras de la nada aparecen ante mis ojos los portales trasparentes y vaporosos de un jardín poético, un vergel de tropos, ritmos y metáforas.
Pero... ¿Quién es esa musa pelirroja que mima y acaricia el olifante? Me acerco hasta ella, me muestra el cuerno tallado, su relieve revela un nombre; Trinidad Ruiz Marcellán. El encuentro es inefable y breve, pero enriquecedor; un gesto, un verso, Trinidad sonríe, me acerca su mano, la noto amable, distendida, amiga. Me regala un breviario, lo abro por su primera página y en ella cita cuatro nombres, cuatro puntos cardinales que han cuidado y mimado ese vergel poético a través de su existencia; Marcelo Reyes, Columna Villarroya, Vicente Pascual y Antón Castro.
Despierto de repente en otra realidad. Pero no, no ha sido un sueño. Con el breviario en la mano repaso las memorias contenidas en el mismo. Olifante ha editado casi un centenar de libros, su nombre ha trascendido más allá del ámbito aragonés pues sus libros han sido reseñados en los medios de comunicación más importantes, tanto nacionales como extranjeros. Trinidad dirige y coordina el “Festival Internacional de Poesía Moncayo” en el que intervienen todos los grandes poetas mundiales del momento, dignificando la poesía en perfecta comunión con la música, el espectáculo y el maravilloso entorno natural y monumental. El Moncayo, el monasterio de Veruela y todos los pueblos aledaños son testigos anuales de tan magno acontecimiento.
Alzo la cabeza. Se vuelve a escuchar el olifante; tierno, con personalidad, coherente. Destila las palabras de Ildefonso Manuel Gil, Fernando Sanmartín, Joaquín Sánchez Valles, Manuel Vilas o Mariano Esquillor. Su eco no es caduco sino perenne, persiste y pervive infinitamente en el aire, transmitiendo ese mensaje a cualquier receptor ávido de conciencia poética.
Vuelvo la vista al breviario. Paso página. Sigo leyendo.
Olifante también ha publicado sus pequeñas joyas en prosa, hermana pequeña –en este particular caso editorial– de la poesía. Antón Castro, José Mª Latorre o Luisa Gascón, han retratado sus pequeños universos prosísticos, paralelos a los poéticos, con notable acierto proyectando en la narrativa otras nuevas pinceladas que ofrecen matices distintos, pero complementarios, a los del universo poético.
En la penúltima página de éste libro de la memoria aparece como otra pequeña joya “La casa del poeta”. Antigua bodega de una casa de labranza sita en el legendario pueblo de Trasmoz, restaurada con el apoyo del Gobierno de Aragón y la Asociación para el Desarrollo de la Comarca del Moncayo. Un pequeño reducto en el que cualquier poeta que haya editado, al menos un libro, puede residir –por espacio de un mes– en la misma, para ahondar en el pensamiento y la creación poética. Esta pequeña residencia servirá como nexo con el mundo de la cultura, dinamizará el mundo poético y potenciará los encuentros entre vates, las charlas y los recitales por las tierras del Moncayo. Asimismo acogerá una Biblioteca especializada en poesía, recuperará los talleres literarios intercambiando experiencias de poetas españoles y extranjeros y colaborará –en un rica simbiósis– con la Casa del Traductor de la multicultural ciudad de Tarazona. De estas íntimas estancias nacerá una hermana pequeña de la colección bajo el nombre de “Papeles de Trasmoz”.
La última página está sin escribir. Sólo en su inicio aparecen unos versos definitivos de Ángel Guinda, centro de gravedad permanente de esta editorial: “ El pasado traduce con sereno rigor el futuro; pues sabio es el tiempo como un anciano y entusiasta como la juventud”, y cierra la postrera línea: “ Porque la redención del poeta sólo está en el poema, en el volcán y en el seismo de su música cuya orquesta es la oyente mirada de quienes comulgando sus versos se sentirán divinos animales eternos un instante”.
Prosigue el espacio en blanco que inunda esta última página, espacio reservado a nuevas inspiraciones, a nuevos e infinitos proyectos. Escucho por última vez el incitador sonido del Olifante; Joaquim Pereira, Andrés Unger, Florbela Espanca, Alfredo Saldaña, Ana Cristina Cesar, Belén Reyes, Pablo Neruda, Elena Pallarés, Vicente Pascual Rodrigo, Miguel de Cervantes....
Trinidad destila y alimenta sus próximas páginas.
La poesía descansa incólume pues Olifante vive y da vida.
Y seguirá sonando.
José Ángel Monteagudo.
26-04-2007
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