Hotel del Universo
El viejo león de Paco Ibáñez
Hace varias vidas, cuando yo tenía doce o trece años y escuchaba con unción mística los discos que mi hermano compraba, llegué a limar de tanto oírlo el elepé doble de Paco Ibáñez en el Olympia de París. Recuerdo su cuadrícula ajedrezada de cubierta y las fotografías del interior, con imágenes del concierto. Se le veía rodeado de gente en el escenario, con un pie sobre una silla, el micrófono doble y la guitarra apoyada en el muslo, con ese desamparo de cantautor, tan de la época. Vestía todo de negro, con ese efectismo exitencialista de la época, tan de cantautor.
Me sabía –y me sé- de memoria todas y cada una de las canciones, junto con todos y cada uno de los comentarios introductorios que Paco Ibáñez hacía en francés y español. Las páginas del disco en donde estaban impresos los poemas que cantaba parecían haber sufrido un cataclismo: las manchas y las arrugas constituían las huellas dactilares de mi emoción. Allí leí y escuché por vez primera las composiciones de algunos poetas que no había oído jamás -José Agustín Goytisolo, Nicolás Guillén, Blas de Otero, Gabriel Celaya- y descubrí que se podían cantar los poemas de autores que en mi imaginación pertenecían sólo al panteón de los muertos ilustres: los anónimos del romancero (más muertos que los demás en su anonimia), Jorge Manrique, Góngora y Quevedo, Lorca y Alberti (que aún vivía, pero que estaba en el exilio, ese espacio mitológico que me resultaba más ilustre que ninguno y que me figuraba como una muerte indolora).
Mi hermano tenía, por supuesto, todo el repertorio de la nova cançó, todos los quilapayunes, toda la caterva de la canción francesa; pero para mí la megaleche musical, antes de que desembarcaran en mi vida los Rolling y los Credence, los Beatles y John Mayall, Jethro Tull y King Crimson era el doble de Paco Ibáñez en el Olympia.
Si me hubiesen preguntado por qué me gustaba, lo más probable es que no hubiera sabido qué decir. Si me hubieran pedido que explicase la trastienda política que escondían algunas de las canciones, habría puesto cara de asombro. Y sin embargo creo que nunca me ha gustado algo con tanta justicia, con tanta pureza de asentimiento, con tan natural simpatía. Nunca me ha gustado algo tan bien gustado.
El pasado sábado, 3 de septiembre, Paco Ibáñez cerró el Festival de Poesía del Moncayo en que participé. Pasa ya de los setenta. Tiene el pelo blanco y más largo, con un punto de elegancia clochard. Se ha dejado crecer cierta barriga de general en la reserva. Canta con un hilo de voz, muy por debajo de los agudos briosos que te exaltaban, aunque ya no fuma ni bebe lo que han dicho que bebía. No ha cambiado el repertorio, ni la silla, ni los dos micros, ni la guitarra española, ni el uniforme negro, ni el vaso de agua a su vera, que aún lleva la misma del vaso del que bebía en París.
Me pareció estar en presencia de un viejo león que no tiene que hacer alardes de fiereza, aunque todos saben que podría hacerlos porque ya los hizo durante toda su vida. Su energía es la del repertorio mágico de la lírica española de todos los tiempos, que ha sabido entender como pocos y cantar como nadie.
Durante unos instantes, el sábado pasado, en la oscuridad del Monasterio de Veruela, entre dos mil personas, cuando el foco de luz iluminaba la cabeza blanca del viejo león, volví a mi vida antigua, y tuve doce años, y el ajado disco del Olympia entre los dedos, y todo parecía más sencillo, y aún quedaba la vida por delante, y las aguas del Sena discurrían con mansedumbre a nuestros pies.
Carlos Marzal
05/09/2005
PACO IBÁÑEZ, ETERNO Y AHORA*
Más de dos mil personas asistieron este fin de semana al concierto de Paco Ibáñez en el Monasterio de Veruela (Zaragoza) que clausuró el IV Festival Internacional de Poesía Moncayo dedicado, este año, a la poesía de Cervantes. Durante dos horas nuestro juglar atravesó de emoción al auditorio con su alma en la voz, en los ojos y en la exquisita guitarra de sus manos. Desde la verdad y sencillez de su mundo interior contra la pobreza, complejidad y farsa del mundo exterior. El esplendor de su genio idealista contra las ruinas de la realidad.
Paco Ibáñez supo siempre que la poesía es palabra de música. Fiel a este principio presta su música lectora y su personalísimo cantar (cada vez más profundo) al mensaje de los grandes poetas en lengua castellana. Su talento y sensibilidad han conseguido hacer vida la palabra, hacer palabra la vida. Sus recitales son una concelebración de los sentimientos universales del ser humano con un auditorio enfervorizado. Un acto de encantamiento y moralidad. Paco Ibáñez canta los poemas con la exaltación del silencio interior. Su voz es el grave susurro de la meditación, el grito contenido de la denuncia, la alianza de la ironía con la ternura y la rebelión. Su estética es la constatación de esa becqueriana ansia perpetua de algo mejor hasta convertir su obra en una propuesta de libertad, amor y dignidad contra la injusticia, la violencia y el horror en la tierra. Eterno y ahora. ÁNGEL GUINDA
*La editora Trinidad Ruiz-Marcellán ha pedido a uno de sus poetas de cabecera, Ángel Guinda, un texto sobre la tarde-noche del sábado, cuando Paco Ibáñez encandiló a media voz, pero exacto el timbre del alma. Y aquí coloco el artículo. Ángel Guinda es autor de numerosos poemarios: "Vida Ávida", "Claustro", "Conocimiento del medio" o "Biografía de la muerte".
LA POESÍA, LOS POETAS Y PACO IBÁÑEZ EN VERUELA
Paco Ibáñez encendió la llama de la emoción en la iglesia de Santa María de Veruela el pasado sábado 3 de septiembre y fue un colofón indescriptible y vibrante del IV Festival Internacional de Poesía Moncayo. Sobrio, de negro, justo de voz pero pletórico de entusiasmo y de utopía, Paco Ibáñez evidenció que no canta exactamente con la garganta: “La canción me sale del fondo del pecho”. La gente, 2.205 personas según la organización, lo escuchó en silencio o cantó con él canciones como “Andaluces de Jaén” de Miguel Hernández, “El Lobito bueno” de José Agustín Goytisolo o “Como tú” de León Felipe, aunque los momentos más entusiastas, ese instante inefable en que el temblor colectivo puede mascarse o cortarse en rebanadas como el pan, se produjeron con “Soldadito boliviano” de Nicolás Guillén, “Palabras para Julia” de Goytisolo y “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya. La actuación de Paco Ibáñez -ese hombre que “ha hecho más por la poesía que los propios poetas”, tal como dijo Ángel Guinda, que pidió el premio Príncipe de Asturias para el cantautor, que declaró de nuevo su inmensa admiración por Georges Brassens- fue el broche a un diálogo de pueblos, lenguas, poetas, tendencias y palabras esenciales, que se sirvió entre la guitarra clásica de Javier Lizalde, el violín y el piano, la canción de autor de Zángano, el trapecio de Emma Luna (que deslumbró por completo a César Antonio Molina, director del Instituto Cervantes, que ya la ha contratado para una actuación en el extranjero), el hip hop de Puskas de Logroño y la guitarra de Luigi Maraez. En Veruela, donde Bécquer escribió sus “Cartas desde mi celda”, se oyeron a jóvenes poetas de diversos lugares como Paolo Álvarez Correyero, que sólo leyó un texto y dejó al público estremecido; Roxana Popelka, irónica y de un feminismo divertido, alterna la lírica con la actividad artística; Rosario de la Varga, de gran pujanza; un magnífico Kirmen Uribe, que recordó a la escritora Clarece Lispector; el poeta del rock y de los registros multimedia, Octavio Gómez Milián; Chusé Raúl Usón, que mostró la calidad y la inspiración de su lírica en aragonés; Xaviel Vilarejo uno de los jóvenes vates asturianos de ahora; el premio Nacional de Literatura Carlos Marzal, un tipo de una calidad humana increíble, hondo y tradicional a la vez, cada vez menos cañí; Miriam Reyes, que sigue triunfando allá donde va con su sensualidad desposada con la tierra y un sentir con desgarros; un solvente Rui Teixeira…. También recitaron autores que se asoman a la madurez inicial: el siempre carismático Ángel Guinda, que puso una nota dramática y otra de ironía con el arte de hacer versos; el siempre cuidadoso y turbador Kepa Murúa; Joaquín Sánchez Vallés, que leyó un segundo poema tremendo acerca de un familiar próximo que era ejecutor de los “rojos”; César Antonio Molina, que acaba de publicar “El mar de las ánforas” y repasó su épica del viaje; la colombiana educada en Nueva York, Anabel Torres, autor de “En un abrir y cerrar de hojas” (Prames, 2001); Miguel Ángel Marín Uriol, que presentaba un nuevo homenaje de amor a su musa Inma en el tercer año de su pasión que se acrecienta; Emilio Pedro Gómez, ese matemático de Astorga, afincado entre nosotros y aficionado a la exactitud del haiku, que recordó a su madre y que tiene un libro que se titula “La nieve horizontal de los vilanos”; Leopoldo Alas, que debutó como poeta en Olifante asomándose a “Los palcos”; el catalán Marià López o el veterano poeta y artista Ginés Liébana. Y entre los extranjeros, recitaron Nina Malinovski, Alime Hüma, José Rui Teixeira, Antonio Sagredo, etc. A todos ellos los acompañaron distintos rapsodas, sobre todo mujeres: Pilar Peris, Mercedes Ventura, Asun Nogueras, la citada Inma… O Luisa Gómez Gascón, que acaba de terminar un nuevo libro sobre el Moncayo y que aparecerá en breve con un prólogo de Ángel Guinda. Vimos por allí también a Mercedes Corral, nueva directora de La Casa del Traductor de Tarazona, ojos azules de un mar terso y lejano. Carla Giampaolo, melenas al viento sagrado del recinto y delicadeza en el sentir, integrante de Karlosycarla, casi una historia de amor, realizó una presentación lírica muy bella y elaborada que yo compartí con mucho gusto. Se rindió homenaje a Miguel Cervantes, cuya “Poesía” completa ha publicado Olifante –la edición es de Alberto Blecua, las notas de Pérez Lasheras, hay dos textos de Luis Alberto de Cuenca y de José Jiménez Lozano, el motivo gráfico es de Vicente Pascual Rodrigo-, y Manuel Martínez Forega leyó un soneto suyo en castellano, y luego distintos poetas hicieron una versión en su lengua respectiva: italiano, portugués, catalán, asturiano, vasco, inglés. Molina dijo que “este libro de Olifante debe ser nuestra edición canónica de la poesía de Cervantes, como la del Quijote, dirigida por Francisco Rico, es la canónica de este año y de nuestra institución”. Trinidad Ruiz-Marcellán hizo balance: “Todo ha resultado maravilloso, y la gente se ha ido encantada. Yo creo que hemos conseguido que estos pequeños pueblos hagan universo, es decir, que somos universales desde lo más pequeño. Una señora de Trasmoz me dijo: ‘Todo lo que he oído me llegaba al alma’. Esa es la mejor definición. Ha sido un certamen con mucha participación, con voces muy interesantes y muy plural”. Trinidad Ruiz-Marcellán y Marcelo Reyes se atreven a difundir la poesía sin complejos. Paco Ibáñez, que se quedó el domingo en su casa de Litago, les dio la razón: recordó que la poesía se necesita ahora más que nunca. El V Festival Internacional de Poesía Moncayo podría estar dedicado a la inmigración y su vasto mundo de mestizajes.
El IV Festival de Poesía del Moncayo pieslla con Paco Ibáñez.
La poesía en llingua asturiana tuvo presente esti añu na IV edición del Festival Internacional de Poesía del Moncayo que se cellebró nel monasteriu de Veruela (Zaragoza) los pasaos díes 1, 2 y 3 de setiembre del 2005. La editorial Olifante entama esti eventu cultural nel Monasteriu de Veruela, llugar de reposu de Bécquer y tamién nos pueblos de la rodiada, en collaboración con delles organizaciones públiques y privaes. Trinidad Ruiz, directora del Festival, destacó la participación de persones reconocíes nel mundu de la poesía, tantu nel ámbitu estatal, como internacional. El Festival desarrollóse tamién nos pueblos de Trasmoz, Tarazona y Novallas. El programa d'actividaes incluyó llectura de poesíes na ilesia del monasteriu, proyecciones, música, esposiciones y una nueva iniciativa, la "Casa de la Pallabra".
El 1 de setiembre, la pregonera Teresa Gallego entamó l'eventu y l'actuación del grupu "El embrujo de Trasmoz" abrió los actos culturales: esposición d'escultura de Tomás Cebrián, un espectáculu de títeres, l'actuación de la guitarrista Arelys Espinosa y la presentación del llibru de Cervantes "Poesía", editáu por Olifante, completaron la primer xornada festiva. Tarazona y Novallas acoyeron les actividades del día 2 col "Alcuentru con Poetes" nel Casinu de Tarazona. Pela tarde, Manuel Forega y Mariano Castro ufiertaron una conferencia sobre "Les Artes y les Lletres na dómina de Cervantes" y en Novallas actuó'l grupu Monte Solo. Por último, el 3 de septiembre, nel impresionante Monasteriu cisterciense de Veruela, tuvo llugar l'actu principal del festival. De la mano de Xaviel Vilareyo (Mieres del Camín, 1967) , la poesía en llingua asturiana resonó énte más de 2000 persones na ilesia del Monasteriu de Veruela a través de dellos poemes de los sos caberos llibros, amás Xaviel Vilareyo recitó una traducción al asturianu d'ún de los sonetos de Miguel de Cervantes xunto a otres llingües representaes dientro d'un homenaxe al IV Centenariu del Quixote. Otros poetes convidaos tamién al festival foron Leopoldo Alas, Pedro Emilio Gómez, Ángel Guinda, Ginés Liébana, María López, Nina Malinovski, Miguel Ángel Marín, Carlos Marzal, César Antonio Molina, Kepa Murúa, Miriam Reyes, José Rui Teixeira, Pedro Sena-Lino, Anabel Torres, Kirmen Uribe y Chusé Raúl Usón.
El festival cuntó tamién con otros atractivos como les actuaciones del guitarrista aragonés Javier Lizalde y del cantautor Paco Ibáñez que peslló cola so actuación nel Monasteriu de Veruela esti IV Festival Internacional de Poesía del Moncayo. Paco Ibáñez cantó en Veruela tres participar nel teatru madrileñu de la Comedia, na gala homenaxe a Antonio Gades y recibió un llibru de poemes en llingua asturiana. Dende que punxera música nel añu 1956 al poemina de Góngora La más bella niña , Paco Ibáñez ye ún de los grandes tresmisores de la poesía a unos hespañoles que sufrieron la cultura oficial impuesta pola dictadura franquista y más tarde la dictadura aculturizadora de la televisión. Nomes como Blas de Otero, Gabriel Celaya, los poetes sociales, Alberti, Goytisolo o Valente entamaron a conocese por mucha xente gracies a la voz d'esti cantautor vascu residente en París que se dió a conocer al públicu n'Hespaña col tema Andaluces de Xaén , de Miguel Hernández. Paco Ibáñez prendió la llama de la emoción na ilesia de Santa María de Veruela el sábadu 3 de setiembre y foi un pieslle vibrante del IV Festival Internacional de Poesía. L'inmensu públicu de Veruela cantó con él cancios como “Andaluces de Xaén” de Miguel Hernández, “El Lobito bueno” de José Agustín Goytisolo o “Como tú” de León Felipe. Los meyores momentos surdieron con “Soldadito boliviano” de Nicolás Guillén, “Palabras para Julia” de Goytisolo y “La poesía es un arma cargada de futuro” de Gabriel Celaya. L'actuación final de Paco Ibáñez -esi home que fizo más pola poesía que los propios poetes-, foi el broche d'oru final a un diálogu de pueblos, llingües, poetes, y pallabres esenciales, ente les que nun faltó esti añu la llingua asturiana. AXENCIADENOTICIES CPN (permitida la reproducción de testos ya imáxenes) 9/09/2005 |