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Alfredo Saldaña
Hay alguien ahí

Alfredo Saldaña, Hay alguien ahí

Manuel Martínez Forega

Desde la primera percepción intelectual del mundo, sabemos que la palabra —el logos— dio en el clavo de la razón colgando de él la paradoja de su irracional trascendencia. En efecto, sólo el logos —la razón— fue capaz de crear ese otro mundo, ya no nuestro, sino patrimonio de los dioses, capaces de inaugurar un espacio enteramente dedicado a la magia, a la imaginación, a la fantasía, al misterio, al arcano, a la inefabilidad, al silencio, al vacío, al abismo y —cómo no— a las formulaciones morales y a su sanción mediante la extraña aleación de mores e intelecto, y todo, a su capricho, al capricho de los dioses y con una irrefutable omnipotencia que, desde ese momento, ha perseguido el ser humano hasta hoy mismo. Querer poderlo todo, tenerlo todo, incluso y, sobre todas las cosas, la inmortalidad. Hablo, desde luego, de una aspiración espiritual, de una (para no desorientar a esos mismos dioses y ser más exactos) aspiración ontológica, pues desde la perspectiva antropológica el hombre sólo puede aspirar a conocer los hechos, los acontecimientos “reales”, y éstos constituyen en sí mismos un insuperable límite, una frontera impermeable.
(fragmento)

Biografía

Hijo de Lesmes y Araceli, reside en Zaragoza.
Es autor de los libros de poesía, entre otros,  Fragmentos para una arquitectura de las ruinas (1989) y Pasar de largo (2003). 

Fotografía: Columna Villarroya