Javier Ramón Jarne
 La lentitud del frío

EL SER Y LA SOMBRA

Francisco Javier Ramón Jarne es poeta y quiere serlo, palabra  a palabra, sueño a sueño, por encima de todo. Lo vemos y lo leemos a diario en su tenacidad, en sus torvos sueños, en su fiera vocación de agrimensor de ideas y emociones. Es un poeta oscuro que piensa mucho. Es un poeta que ansía la claridad y que se mueve en el centro del vértigo. Es un poeta que viaja constantemente: ha vivido en diversas ciudades y se desplaza en el laberinto de las enfermedades mentales. Es psiquiatra. Una de sus obsesiones es hallar un lenguaje adecuado y rico para su imaginación sombría, para sus piezas alegóricas o simbólicas que hablan del tránsito, del amor, de lo desconocido, de una especie de gran pesadilla. No otra cosa es La lentitud del frío: uno de esos libros un tanto enigmáticos que suceden en una región difusa: aquí y allá, en la exaltación de la vida, en la alucinación y en el reino de la muerte, donde se impone un gran personaje, el mito de la narración y su embrujo: Sheherezade. La sembradora de palabras, la conjuradora que domina la tiniebla, el pozo sin fondo de la noche.

La lentitud del frío también es un diálogo con su poeta más amado: Antonio Gamoneda, al que le dedica una extensa composición, la más ambiciosa del conjunto con ‘La canción de Sheherezade’. El galeno que se interroga asoma en ‘Asperges me’. Y andan por ahí Juan Gelman, Roberto Bolaño o su amado César Vallejo, con quien parece decir: “Me han visitado los heraldos de la muerte”. Quizá no tenga nada que ver, pero en ‘Transfiguración del caballero’ se lee este hallazgo: “Una mujer acaba de bañarse en tus ojos”. ¿Serán Sheherezade y la muerte el mismo ser o la misma sombra?

Antón Castro










NOTA BIOBIBLIOGRÁFICA:

Javier Ramón Jarne. Nacido en Huesca en 1955, Doctor en Medicina por la Universidad de Granada, psiquiatra militar, actualmente en la reserva, es presidente de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría Legal y Ciencias Forenses. Ha publicado los poemarios Elegía del Cíclope en 2009, en la editorial eclipsados, y Libro de los cometas en 2015, en la editorial Olifante. Ha vivido en distintas ciudades de España, tanto en la península como en las Islas Canarias o el Norte de África y considera que su nomadismo le ha dado la oportunidad de vivir muchas vidas y ser una voz, a la vez  coral y solitaria que aunque se nutre de la cultura clásica, no desdeña ningún material que sirva a la poesía.