Demian Ortiz
Perdidos. Un lugar para encontrar
90 Disparos Fotográficos a la Literatura Española

Historia de un disparo

En este proceso de descubrir, leer y retratar a los autores, he buscado fotografiar la figura del escritor siempre con sumo respeto y pasión. Captar quiénes son y lo que les representa de forma diferente. Por eso he querido explorar situaciones repletas de claves aparentemente ocultas sobre la cercanía del escritor a su realidad o a su ficción, retratándoles dentr del marco íntimo y atemporal del blanco y negro, en un entorno alejado de sus inercias de trabajo. Para invitarles a acercarse junto a mi cámara a esos lugares que, como creadores, recorren frecuentemente para perderse, pero también para encontrarse. Y con la única intención de fotografiarlos verazmente, encontré un lugar para distintas generaciones literarias, donde calidad, ética y estética se tornan en el utensilio común de la pulsión comunicativa.

Un lugar al que pertenecer, al que poder regresar. Gracias a las múltiples lecturas de sus obras y al empeño por dejar esta constancia gráfica, apostado siempre detrás de la cámara, he sido uno más. Uno más en la algarabía de innumerables actos poéticos individuales y colectivos de recitales en bares, jams, slams, mercados y calles, de enérgicas performances y presentaciones. Siempre mirando a través de las miradas que narran la emoción de lo que supone escribir desde el nosotros, nunca desde el yo. Una heroicidad que se logra en la persistencia de quien no busca crear por dinero, fama o gloria. Sino por la simple necesidad de contar historias. Historias propias o ajenas, reales o inventadas.

Pero sin dejar de defender la democratización de la cultura y del conocimiento. Haciendo uso de sus plumas, blogs, redes, asociaciones, revistas y editoriales para abrir nuevos enfoques narrativos y poéticos dentro la propia literatura y la forma en la que esta es consumida por los lectores.

(fragmento)










AGRADECIMIENTOS

Sirvan estas líneas para dar las gracias a todas aquellas personas que lo han hecho posible y para que me sepan disculpar si me olvido de alguien. Gracias a quienes han participado en Perdidos. Un lugar para encontrar por la honestidad brutal de sus trabajos y por permitirme ser parte (pequeña, mínima, pero parte al fin) de su camino.

A Alberto García-Teresa por enseñarme que hay que atacar la vida a dentelladas. A David Trashumante por la intensidad de sus palabras y acciones. A Ángel Guinda porque sus versos me han acompañado una gran parte de la vida, aún sin conocernos.

A Ana Pérez Cañamares por dejarme mudo con aquel primer verso de la Alambrada. A Gsús Bonilla por ese corazón que, a modo de viga, sostiene la poesía. A David González por cambiar con su obra la poesía. A Felipe Zapico y a Choche por vaciar de soledad por momentos el trabajo de estas páginas con su amistad. A Vicente Muñoz Álvarez por regalarme la línea a seguir con la misma ética, estética y calidad de sus letras y actos. A María Sotomayor, Salva Rubio, Julio César Álvarez y Maica Bermejo por tanto cariño y generosidad. A José Ángel Barrueco por abrirme las puertas de ese universo maravilloso que es su familia y sus libros. A Carlos Odklas, Gabi Oca, Javier Vayá, Mario Crespo, Isabel García Mellado y José G. Cordonié por su confianza y enorme paciencia en tan larga espera. A Alana Portero ejemplo de fuerza y lucha. 

A Nuria Ruiz de Viñaspre y Marcus Versus por su inagotable ayuda en la confección del libro y en tantos otros momentos mágicos.

A Álvaro Pichó por hacerme dueño de mi trabajo. A Marta R. Sobrecueva “BO”, eres tú. A Elena Román por verse tan pequeña siendo tan grande. A María Ángeles Maeso por su forma de luchar alzando la voz del silencio. A Javier Gm por ser un corazón andante. A Alicia Es Martínez por lanzar con fuerza y dignidad a tantas voces vivas y libres. A Óscar Aguado, hombre de hojalata, héroe, poeta. A David Benedicte por esos cafés periodísticos. A Rosana Acquaroni y José Manuel Lucía por hacer de la Universidad un espacio libre repleto de poesía.

A David Sarrión Galdón, aún me debes una sesión en la luna, astronauta. A Begoña Abad e Inma Luna por sus bellas (no)sonrisas tan necesarias para todos. A Jorge M. Molinero por ese precioso manual de la vida llamado Gominolas en los bolsillos. A José Naveiras y Silvia D. Chica por las fotografías de sus poemas. A Jesús Urceloy, María Eloy-García, Jesús Ge y Pepe Ramos por seguir usando el humor, cuando todos parecen haber perdido el sentido. A Antonio Orihuela y Eladio Orta por resistir año tras año con sus voces extremas.

A Fermín Alegre por contagiarme de la ingravidez del hombre y su apellido. A Irene X, Escandar Algeet y Carlos Salem por escribir para todos, es decir para nadie. A Carmen Camacho por descubrirme La Carbonería. A Sor Kampana por ser grieta. A Antonio Crespo Massieu por aquella mirada de ilusión al fotografiarle junto al piano de Lorca en Madrid.
A Adriana Bañares por todos los latidos cítricos y esquivos de la poesía. A Francisca Aguirre y Guadalupe Grande por dejarme reunir de forma tan entrañable en una sola imagen todas las generaciones de artistas de su familia. A Zoográfico Rodrigo por trabajar la poesía como el gran artesano que es.

A Esteban Gutiérrez, ¡cuánto corazón sale por esa garganta! A Begonya Pozo y sus lágrimas de todas las mujeres del mundo.

A Catalina Isis por recordarnos que Olvidar - Abandonar – Rendirse es la enfermedad del Ahora. A Pedro Verdejo por poeta y fugitivo de boc-Acción. A Matías Escalera por todo lo que tiene un poeta de ilusionista y escapista. A José Antonio Alva por esos abrazos en esos momentos. A Víctor López y Mónica Caldeiro por erizarme la piel y el alma. A Paloma Camacho por la calidez y el caos. A Trinidad Ruiz Marcellán por el espacio múltiple y la confianza. A Enrique Falcón por aquellas palabras en aquel recital de Madrid. A Maribel Tena García y Eva Gallud por esa mañana tan maravillosa que me regalaron. A Dolors Miquel por una presentación tan reivindicativa. A Eddie J. Bermúdez, Félix Chacón e Isaac Alonso por regalarme tanto cariño por las calles de Toledo. A Iris Almenara por resquebrajar para mí sus dos voces poéticas. A Ana Grandal por los reflejos y las conversaciones ochenteras. A Noni Benegas por romper éxitos y ruinas. A María García Zambrano, sólo por acercar mi corazón al de la pequeña Martina bien merece el esfuerzo de este y de otros mil libros más.

A Paco Ibáñez, Niño de Elche, Rafael y Salvador Amor, Silvio Rodríguez, Río Mutten, Carlos Ávila, Nuevenoventaicinco y Dyso por dar voz a quienes no la tienen y convertirse (casi de forma obsesiva) en mi banda sonora durante la confección de este libro.

A Joaquín Ortiz por unir. A José Flórez y Mar García por llegar. A Javier Grande por volver. A Chema Caballero por tratarme siempre como a un hijo. A Borja Donoso, Ángel Sáenz, Isabel Cristóbal, Julián Roa y Jorge Lacasta porque su amistad y su ejemplo me han empujado a seguir caminando hacia delante con mucha más fuerza. A Raúl Zúñiga y David Carvajal por ayudarme a abrir ventanas donde otros cerraron todas las puertas. A Ángel Pérez Mérida por sus palabras y ánimos que llegaron con alegre sabor al sur.

A la Facultad de Filología de la Universidad Complutense, Revista Urban, Harpo Libros, Ya lo dijo Casimiro Parker, Revista Cameraman, Frontera-D, Entretanto Magazine, Diario de León, El Hype Magazine, The Church of Horrors, Feliz El Cerdo, Último Cero, Revista Leer, Carmen Ochoa Bravo y Revista Viento Sur, Fiat Lux, Ángel Manuel Gómez Espada y El Coloquio de los Perros, a José María Cumbreño y a los festivales de poesía Centrifugados, Vociferio, FestiBabel y Voix Vives por hacerse eco del proyecto y apoyarlo en algún momento.

A la Residencia de Estudiantes (Madrid), Ateneo de Madrid, Casa de Vicente Aleixandre (Madrid), Instituto Sefarad (Toledo), Asociación El Despertar (Madrid), Biribó Teatro (Madrid), Raúl Lago y Sala Carme Teatre (Valencia), Los KM Barber Shop (Madrid), Los Diablos Azules (Madrid), Aleatorio (Madrid), El Alambique (Madrid), La Realidad (Madrid), La Carbonería (Sevilla), Disquería Rock & Roll (Madrid), Librería Antonio Machado (Madrid), La esquina del Zorro (Madrid) y La Fugitiva (Madrid) por cederme sus espacios generosamente para poder realizar los retratos.
A ti por haber llegado hasta el final de este libro.