ENTREVISTA PÓSTUMA

Entrevista Póstuma

  1. Entrevista que realicé a Ángel Guinda en Madrid, en su domicilio de la calle Sombrerete el 24 de julio de 2020.


Sobre la editorial Olifante, Ediciones de Poesía.


El ochenta por ciento de mi obra poética ha sido publicado por Trinidad Ruiz Marcellán, para mí la mejor editora de España, en su editorial Olifante.


En el libro El almendro amargo (Guinda, 1989) describe su compromiso político después de la Transición y escribe: «Yo no daré mi vida por España. Sí por una palabra, por una cópula a muerte». Y también en el poema «Hojas» describe lo triste que supone la sociedad en la que se encuentra. ¿Después lo que lucharon para conseguir que llegara la democracia a España, se puede realizar un paralelismo con la situación política actual española, ¿seguimos igual?


La encuentro bastante bien, llevándolo con resignación y alevosía. Ahora hacer un paralelismo de la Dictadura y la Transición a la época actual. No quiero tanta miseria, como decía Pablo Neruda. Estamos bastante mejor de lo que estuvimos en la dictadura, mejor de lo que estuvimos en la Transición, aunque muchos no lo vean o lo quieran ver o creer. Entonces, la nave va, y la historia va, y avanza. Un virus, naturalmente invisible y pequeño, nos enseña una lección de humildad: no sirve ser gigantes. Hay que ser humildes, hay que ser auténticos, sinceros. Hay que pensar siempre que casi nada de lo que hacemos, quedará. Por lo tanto, sencillez, humildad y sinceridad.


Por sus palabras, ¿las poesía para usted es algo anecdótico?


No, no. La gran poesía no es contingente, es trascendente. La poesía es palabra de música. Solo que el ser humano está por encima de cualquier arte, también de la Poesía. El ser humano es mucho más que un arte y mucho más que todas las artes.


Su experiencia epífánica. A los diecisiete años, según cuenta en la película La Diferencia, tuvo un momento, en el actual paseo de la Constitución de Zaragoza, antes paseo de Marina Moreno, en el que la poesía se le impuso, contemplando la estatua de dos enamorados paseando bajo un paraguas. A partir de esa situación, siente la necesidad de ser poeta, de leer y escribir poesía.


Lo he dicho siempre. La poesía se me apareció. Hay un gran amigo, periodista, muy conocido en Aragón, Miguel Mena, que me dice que es imposible que tuviera esa aparición, porque el año en que yo la cuento no existía esa estatua. Pues si no existía todavía esa escultura y la colocaron, dos años después, por ejemplo, yo la vi. Me anticipé. Es una escultura en la que hay una pareja de enamorados, bajo un paraguas. Aquella visión que tuve fue real. Por el paraguas de la escultura cae agua, y llovía, metereológicamente. La poesía se me impuso. Eso es lo que yo vi, lo que yo sentí. Dejé los estudios de Medicina, me dije que no quería ser médico como la mayoría de mis primos hermanos médicos. Quiero ser poeta, quiero ser como Gustavo Adolfo Bécquer, quiero jugármelo todo a la baza de la poesía. No de ser famoso a través de la poesía, sino de cumplir tu necesidad, esa necesidad era hacer poesía.


De hecho esa estatua, según los archivos municipales se instaló en el paseo de Marina Moreno en el año 1973.


Este acontecimiento se data en el año 1965. Me anticipo ocho años.


A partir de ese momento, empieza a leer a los clásicos y a redactar poemas. Su primer poemario, mecanografiado, titulado Sentimientos se lo entrega a su profesora de Literatura del Instituto Goya, Carmen Sender, con la firma Santangel. ¿Cómo definiría su primerísima etapa poética?


Es el tanteo, el borrador de un adolescente de diecisiete años. Mi primer libro de poemas lo titulo de una manera muy de aprendizaje, un poco ñoña, Sentimientos. Fue un intento de comenzar a caminar, en el ritmo, en el concepto, en las ideas, en las emociones, en la musicalidad de la poesía. Se lo di a conocer a la que había sido mi profesora de Literatura, hermana del gran novelista aragonés Ramón J. Sender, Carmen Sender.


Sus inicios literarios coinciden casi a la par con la publicación de la antología de los novísimos de Castellet. En un momento fue considerado como el escritor aragonés que mejor representaba a los novísimos. ¿Cómo se posiciona usted ante la generación novísima?


Aparte de que no estoy de acuerdo con esa apreciación, valoración, yo fui siempre a mi aire. Nunca milité en el culturalismo, ni en el esteticismo decadente. En ella hay poetas de mi máxima consideración, como es por ejemplo, Pere Gimferrrer y Antonio Colinas.


En uno de sus primeros libros, Las imploXiones, recurre a lo que Fernando Lázaro Carreter señala como poesía visual, escrito en el que además emplea numerosos cultismos. ¿Cómo se ubica y considera la poesía culturalista, la poesía de la experiencia, la poesía social?


Me ubico al margen, o en el margen de todos los márgenes. Es lo Manuel Martínez Forega explica de mí diciendo: “Guinda ha ido siempre a su bola”. Al margen de modas y de corrientes.


Estudió en el colegio de las Hermanas de Uncastillo, etc… Aprobó las oposiciones de Magisterio, impartió clases en varios colegios públicos hasta la jubilación. ¿Cómo valora la actividad docente y cómo la ubicamos cronológicamente?


Abandoné medicina y entré en el mundo de la enseñanza, que me parece apasionante y mucho más vitalista que el de la medicina. Estudiar medicina me ponía enfermo, y mucho más en las clases de disección. Estas clases acentuaron en mí, mi obsesión sobre el tema de la muerte que siempre me ha acompañado desde que nací, dado que mi madre murió de mi parto, y eso es algo que siempre me ha acompañado.


Antes de Vida ávida aparecieron ocho libros. ¿Por qué no reconoce esos poemarios?


Es un apunte muy generoso, porque más que ocho libros, pueden ser tres libros y cinco plaquettes, entendiendo por libros si alcanzan las cincuenta páginas. No los incluyo en mi bibliografía reconocida, por la honestidad de reconocer que la calidad de esos borradores, comienzos, no era lo suficientemente alta como para considerarlos como libros definitivos, sino libros de aprendizaje. No hay otra cuestión por lo que no lo reconozco. Es un obsesión que a mí me contagió Juan Ramón Jiménez. Este mandaba a sus amantes, a sus amigas, a recoger libros de bibliotecas que los tomaba para destruirlos.


Hay dos Ángel Guinda, uno hasta Vida ávida y otro después de Vida ávida. En 1974 con La Senda ganó el premio Institución Fernando el Católico. Un poemario religioso, que habla de Dios, de la naturaleza, etc. En su vida hay una metamorfosis. Pasa de ser creyente, de ser «palomo» como le llamaban en su pueblo, a pertenecer al PCE clandestino. ¿Qué pasa en su vida?


Una transformación, pero no kafkiana. Mi abuela, que era católica, apostólica y romana, me hizo ser monaguillo. Yo soy monaguillo de blanco y rojo, es decir del Atlético de Madrid, me veo condenado o destinado a estudiar en el seminario de Jaca, que estaba a sesenta kilómetros de Uncastillo, el pueblo de mis abuelos. Yo era auténticamente creyente. Pero las lecturas de Sartre, de El ser y la nada y determinados libros, me abrieron los ojos y perdí la fe. Ahora por miedo al cáncer he empezado a recuperar parte de esa fe perdida. ¿Es por miedo? No sé si es una recuperación de la fe auténtica y definitiva.


En su libro Entre el amor y el odio declara: «Necesito aire, lo que necesito es aire. Sé que estoy vivo porque voy rompiéndome». Posteriormente tres años más adelante después de escribir varios poemas religiosos, llega a decir por ejemplo de los sacerdotes en Vida ávida: «Apestáis charlatanes».


No era a los sacerdotes. Eran, como decía Forega: «Los socerdotes». Una cosa es lo sagrado, otra cosa es la religión y otro tema es la jerarquía religiosa, que también puede ser corrupta, y de hecho se ha demostrado. Yo sigo creyendo en lo sagrado, lo sagrado incluso de la poesía, pero no creo en la institución jerárquica que se llama Iglesia.


“Eyaculo en el ano de Dios hasta su conversión al placer”


No. La cita exacta por la que me vino una denuncia y un juicio es: “Eyaculad en el ano de Dios, hasta su conversión al placer”.


Esto que acabo de recitar es un verso de Vida ávida en su poema «Paradiso sin vírgenes de Clochard». ¿Qué ha pasado en su persona, en su intelecto, en su corazón, con los previos que acaba de expresar, para llegar a componer un poema con el verso expresado?


Es muy sencillo, igual que llego a descreer de la institución religiosa llamada la Santa Madre Iglesia, y de toda su jerarquía, igual que he llegado a descreer de la infalibilidad del papa, que no lo creo infalible, he llegado a creer en lo siguiente: Si el ser humano eyaculase en el ano de Dios, si este ano existe, resulta que a lo mejor los miembros de la institución eclesiástica, dejarían de perseguir los problemas ocasionados por el sexo. Dejarían de perseguir a los homosexuales, a las lesbianas, al colectivo entero LGTB. Eso es lo que significa, y me hicieron un juicio, y me condenaron. En el año 1987, en plena Democracia. Ramón Irigoyen me expresaba, a quien le faltó un año para ser cura: «Ángel pero como te vienes a Madrid, y utilizas el juicio que te hicieron». Fue el primer juicio en el que se condena a un ciudadano contra la libertad de expresión. No quiero utilizar, ni el nombre de Dios, ni la institución eclesiástica en la que no creo, para beneficio propio. Yo tengo mi profesión y me gano las judías dando clases, no lo necesito.


Vida ávida, 1980, está dedicada a la destrucción. ¿Qué sucede en su vida en la que escribe esos poemas?


Sucede, primero, que conozco la poesía, la narrativa y las canciones en la voz del gran Leonard Cohen. Todo ese conjunto me toca mucho, y me afecta mucho. Yo creo en la destrucción. He venido a un mundo al que querría destruir. El final de un soneto mío dice: «Estás fuera del mundo, por llevar un mundo dentro». Hay otro verso que expresa: «He venido al mundo para destruirlo y de las ruinas, levantar otro orden». Es decir. Todo es mejorable, y el mundo en el que estamos, también es mejorable. De hecho, en otro soneto mío, digo: «Yo no quiero vivir en este mundo». ¿Por qué? Porque sufro mucho con los homeless que están en la puerta de mi casa, que yo los subiría a casa, pero no me dejan los vecinos.


«Mi personaje maldice a tu persona. Diablo Guinda, te odio. Contra paredes de horizonte, muere.» ¿Se odia?


Hubo un momento en mi vida en que llegué a odiarme. Y el odio es lo contrario al amor. Llegué a odiarme porque quería cumplir en la medida de unas exigencias, mucho más radicales de las que estaba cumpliendo. Como por ejemplo en Zaragoza, llegaba a subir a mendigos a casa, al piso, los bañaba, con el caso del “sheriff”, un mendigo de Zaragoza que llevaba una estrella. Lo veía desde la ventana de mi casa de la calle de Juan Pablo Bonet y bajaba a hablar con él y le invitaba a subir a casa, y cenaba conmigo y con mi mujer, que era Trinidad Ruiz Marcellán. Y también lo bañaba. Tenía que haber seguido así, todavía más radical. Pero luego, te frenas, las circunstancias te frenan. De alguna manera me odiaba, por no ser, absoluta y constantemente radical.


¿En ese momento cómo vive el amor?


En aquellos momentos con muchas dificultades. Porque yo estaba enamorado de una exalumna, que era menor de edad. Para mí el amor no tiene límites, no debe tenerlos, si es amor. Además estaba casado y estaba dando clases en Luesia.


En Vida ávida describe perfectamente cómo es ese amor y a quién va dirigido. El amor le produce angustia, según narra en la obra. ¿De ahí nace el malditismo tal y como se le ha definido tantas veces?


Yo no voy a entrar en esto por varias razones. Sobre todo porque estoy convencido de que enamorarse es la más clara señal de amar todas las cosas. Desenamorarse es un aviso de empezar, a no amar casi nada en el mundo.


¿Cómo se puede llegar a decir a la persona amada, en un verso de Vida ávida «cuando te insulto querría ver tu rostro estrellado en el parabrisas del automóvil…estoy amándote»?


Eso lo he vivido. Yo iba en ese momento en mi segundo coche, que era un deportivo, un Renault Alpine. Iba a mucha velocidad. Pensaba en el riesgo que suponía ir a 190 km por zonas rectas, cortas, del Pirineo Aragonés hacia Francia. Estaba influenciado por una gran frase, extrañísima, que nunca he llegado a comprender, de Georges Bataille que dice: «eres bella como matar», Esa frase me influyó a la hora de redactar aquel poema. Yo en aquellos viajes tomaba las curvas rectas, con el riesgo de morir en la curva. Además, amaba a la mujer que iba a mi lado. En ese contexto hay que leer ese poema.


«Escribir como se vive». Ese aforismo marca su existencialismo. Todo lo que le sucede lo expresa en sus poemas. Narra sus experiencias, pasadas por el tamiz de su interioridad, de su psique, etc. ¿La dualidad entre el amor y el odio es lo que vive en aquel momento?


En este momento estoy leyendo la biografía de Simone de Beauvoir que es el motor de la filosofía de Jean Paul Sartre. Un poco lúdicamente diría que hoy no hablaría de existencialismo, sino de resistencialismo. La existencia en estos tiempos últimos, en esta época opaca, es de resistencia, más que existir.


La muerte. ¿Qué nos puede decir de la muerte?


El asunto de la muerte me ha acompañado desde que nací, por haber muerto mi madre en mi nacimiento. Yo me consideraba un asesino. Tenía complejo de culpabilidad por matar a mi madre al nacer.


Junto a ello también la enfermedad que tuvo de pequeño que le imposibilita procrear


Sí.


La única vez que ha hecho psicoanálisis el doctor Azua le pregunto «¿qué era la vida para usted?» Respondió: «Una sana enfermedad que no se cura, sino con la muerte». Le preguntó también: «¿Qué es la muerte?». Respondió: «La única terapia eficaz contra la vida».


El doctor Azua me dijo que por qué no había ido a la sesión anterior, ya que hice pirola. Le respondí: «Doctor, voy a ser sincero, no he ido porque, un día me miré en el espejo y pregunté ¿qué me pasaba? ¿Por qué te quieres suicidar? ¿Estás enamorado? ¿Es un amor prohibido?». No está bien visto. Me respondí: «Coge el toro por los cuernos y ve hacia delante. Pero no vayas con el coche buscando la vía del tren en Utebo para que te arrolle el tren». Le dije también: «Doctor, no volveré a su consulta, porque he me aplicado una autoterapia, y me he dado cuenta de que no soy un enfermo mental, soy un enfermo semental». Y me respondió: «Perfecto, ya está todo hablado».


Ha llegado a escribir: «Asesino de tu madre…sólo tendrás paz cuando orines en la tumba de tu padre, para abonar su muerte». ¿Cómo se puede llegar a escribir en esos términos?


Sí. Porque yo tenía ese gran complejo de culpabilidad. Yo pensaba, si no hubiese nacido, mi madre no hubiera muerto. Y de ahí no me sacaba nadie. Estos pensamientos con cuatro años. Cuando me iba de casa, me escapaba, y dormía en los tubos de la construcción, de las obras y resistía siete días, etc., y vivía de lo que robaba, de la leche de los camioneros de reparto, de lo que cogía en tiendas, etc., era consciente de lo que hacía. Era una supervivencia, era una resistencia.


Sus manifiestos sobre la utilidad de la poesía. La poesía, usted lo expresa así, debe de tener una utilidad. ¿Cuál es la utilidad de la poesía?


La poesía en concreto tiene utilidad, igual que el arte en general, tiene utilidad. Una silla sirve para sentarse. ¿Para qué sirve una sinfonía? El asunto se complica un poco. ¿Y para qué sirve un poema? El asunto también se complica. La poesía debe ser útil, moralmente para vivir, existencialmente para resistir, y culturalmente para incrementar, para aumentar, las posibilidades, éticas y estéticas del individuo.


Una poesía comprometida. ¿Comprometida con quién?


Con el ser humano. Sobre todo por el ser humano que está en precario, que no tiene libertad, que no tiene medios para comer, que no tiene medios para cultivarse culturalmente con una educación suficiente.


Se tiene más libertad ahora que en el año 1975?


Una pregunta interesante. Creo que se tiene más libertad, pero más libertad de acción y de reacción. Pero más libertad ética, más libertad estética, eso es otra cuestión que nos llevaría mucho tiempo comentarlo. Pero sí, yo creo que hay más libertad ahora que en el año 75, sin duda alguna.


¿Socialmente, se estaba mejor antes que ahora? Es decir, ¿el compromiso político, social, era más fuerte? ¿Políticamente hablando era mejor el comunismo, el socialismo de antaño o Podemos o socialismo actual?


Siempre he votado comunismo. Hasta hace como cinco años, que seguí votando comunista, pero no al PCE, sino a Podemos. Tampoco veía que me convenciera. El ejercicio del poder se manifiesta en las urnas. Una cosa es votar y otra cosa es votar con eficacia. Fue por lo que votando PCE no avanzaba, no sentía que mi voto era útil, y después de asistir a muchas reuniones, sobre todo en Madrid, comencé a votar a Podemos. Hubo un momento en que tampoco lo veía claro y voté, por primera vez en mi vida al PSOE, como intento de concentrar un voto en cierta mayor eficacia.


«No queremos poemas teoremas, poemas soluciones de problemas…, poemas como balas, poemas nutritivos, poemas revulsivos, poemas explosivos…» ¿Dónde están ahora los problemas de la sociedad para escribir poesía?


Son muchos los problemas de la sociedad. Problemas de subsistencia, ocasionados por el paro laboral. Decía un poeta italiano, Cesare Pavese, que «el trabajo nos agota». Yo digo que el trabajo nos descansa, porque al menos psicológicamente vivimos con más serenidad, y con más posibilidad de acercarnos a la felicidad. Teniendo un trabajo, aunque nos agote, que estando en paro.


«Todo poema deber ser útil para arreglar el mundo…» ¿Qué tenemos que arreglar hoy en nuestra sociedad?


Primero tenemos que arreglarnos a nosotros mismos, como seres humanos y segundo como ciudadanos. Si nos arreglamos a nosotros mismos y conseguimos que las personas que no tienen un salario mensual, que las personas que no pueden vivir de su trabajo, y sobre todo, que las personas que no tienen trabajo, tengan que subsistir, entonces, estaremos en un primer paso para transformar el mundo.


En Poemas para los demás tiene un poema que se llama «Nuevo orden» que dice: «Urge cambiar el desorden del mundo… se declara el estado de crisis permanente… se permite soñar con otra realidad…» ¿Escribe ahora para los problemas del mundo: la soledad, la migración, el feminismo, la igualdad entre sexos con las personas que luchan por su condición sexual?


He escrito con esa intencionalidad. Pero he recordado la diferencia que hay entre un poeta lírico y un poeta épico y un poeta como diría Miguel Laberdota «epilírico». Todo tiene etapas en la vida, ya con setenta años, he rescatado la capacidad del egoísmo del poeta lírico. Hablar de tu propio mundo, interesarte por tu propio mundo, intentar salvarte a ti mismo, juntamente con los demás pero acordarte un poco de ti. Como decía mi padre: «No te metas a redentor que acabarás crucificado».


En el manifiesto de Poesía y subversión llega a decir: «Menos divos y más poetas subversivos». ¿Después de su dilatada experiencia, es usted divo o subversivo?


Soy más subversivo que divo. No soporto a nadie, ni mucho menos respecto a mí mismo, la egolatría. Hay que ser humilde, transparente, y hay que luchar por transformar el mundo, el mundo de los demás y propio mundo, el mundo de uno mismo.


En la subversión que propone ¿qué no soporta de la sociedad actual?


No soporto el culto al dinero, como meta ni como fin. No soporto el culto al yo, como ídolo, ni como afán de protagonismo.


¿Cree usted que la literatura está influida por el dinero?


Sí. Yo por ejemplo no creo en los premios literarios. Desde que tenía 24 años no he vuelto a presentarme a un premio literario. El premio San Jorge de la Diputación de Zaragoza me lo concedieron. Tenía que ser jurado en el premio del año siguiente y el mejor libro no salió. Fue una injusticia. Si el mejor libro no se premia y se premia un libro de un periodista por intereses periodísticos o por otros intereses, personales, etc., no juego a eso.


¿Qué opina de la nueva generación literaria, los poetas jóvenes? ¿Los ve subversivos, interesados en el dinero la fama, etc.?


Tengo algunos amigos, poetas jóvenes y tengo muchos conocidos poetas jóvenes. Sinceramente, no estoy de acuerdo con muchos de ellos que tan solo escriben para ser famosos, para ganar algún premio literario. Está el dinero como medio y como fin. Está la fama como medio y como fin. La poesía es algo tan sagrado, tan extraordinario. Está por encima de estas memeces como son la fama, el éxito y el dinero.


¿Actualmente la literatura la concibe como una dictadura? ¿Hay un caudillo, un gobierno que marca las normas, las modas, o la literatura es libre?


La literatura debería y debe sentirse libre de todos esos condicionantes. En el mundo de la literatura hay sectas, hay (no voy a decir dictadores) pero hay mandamases, que concentran el poder a través de determinadas cuestiones, de determinadas situaciones e instituciones. Eso es despreciable. Una cosa que me preocupa de los jóvenes es su adicción a las redes. Una adicción descontrolada, desde el teléfono móvil, etc., no se dan cuenta de la cantidad de tiempo que les roban, que podrían dedicar a la meditación, a la reflexión, a la trascendencia y no la contingencia que puede ser el mundo de esos submundos que son las redes. Son eficaces para algunos temas, no para todos.


¿Se ha perdido la chispa en la literatura y la poesía?


No lo sé exactamente. Se ha perdido el compromiso con la trascendencia. Y se ha vendido la honestidad con la contingencia. Es decir, hay que pensar más, más profundamente, más trascendentalmente y aparcar lo contingente.


Ha tenido hace poco una experiencia dolorosa: la enfermedad. ¿Cómo ha sido para usted esa experiencia?


No he superado aún el cáncer de pulmón que padezco. Con todo merecimiento porque «Me he fumado la vida. Como el tiempo se me ha fumado a mí». He fumado muchísimo. En los últimos tiempos, tres paquetes diarios de Ducados. He tenido la suerte de tener un tipo de cáncer de pulmón que es el que mejor reacciona ante los tratamientos, pero también es el que más riesgo tiene de reproducirse. Hasta ahora llevo cinco tratamientos de quimio y radio trimestrales y me han funcionado de maravilla. Pero claro, en cualquier momento, como le pasó a Pau Donés…


Da la impresión, analizando su obra, que su pensamiento sobre la muerte parece pasar por dos estadios. El primero de convivencia permanente. Un segundo momento que se va distanciando de la muerte.


La muerte vive, porque la muerte mata. Sí, me he ido distanciando. Sí, cuando el toro está cerca, te apartas o te metes en el burladero. A mí me gustaría estar enterrado en Trasmoz. Tengo disensiones con mi mujer que insiste en que me entierre con mis padres, en Zaragoza. A lo mejor me gustaría, como fuera el caso de Frida Kahlo desear que esparzan mis cenizas en la cima del Moncayo, o en la cima del volcán Etna, en Catania (Italia).


¿Qué es la muerte?


La muerte es una sana enfermedad que solo se cura sino con la resurrección. Como no conozco a nadie que haya resucitado, voy a pensar que la muerte es el final de la vida.


¿La tiene asumida?


No del todo. La muerte existe.


¿Tiene miedo a la muerte?


No tengo miedo a la muerte. Tengo miedo al cómo. ¿Cómo moriré? Moriré en dos días. A mí me gustaría morirme de un infarto en el acto. Lo digo en el poema de un solo verso: «Quiero morir de pie como mueren los árboles». Así querría morir, instantáneamente y de pie, como mueren los árboles.

Si vas a estar tres meses molestando a la familia, si es que la tienes y causando gastos a las Seguridad Social, es decir, a todos los ciudadanos por tu enfermedad y tratamiento. No.


¿Cómo es capaz en su obra de pasar de una poesía minimalista, de un solo verso, a confeccionar una poesía de largo aliento de 1600 versos como por ejemplo Espectral en prosa fragmentada?


La forma te viene dada por el tema y por el poema. Uno no escribe el poema como quiere escribirlo. Es el poema el que te dice, escríbeme. Cada poema tiene una musicalidad, un número de versos. Esto te viene dado por el tema y la dictadura del poema.


¿Qué es lo que nunca se ha atrevido a decir en Literatura?


Lo voy a decir, pero me van a tachar de imbécil. No considero a Mallarmé, tal y como lo considera la Literatura universal. No considero a Rimbaud, tal como lo considera la historia de la Literatura universal. Hablaría de otros poetas que deberían ser más considerados en la Literatura. Voy a nombrar solo uno. El poeta de amor de la Generación del 27 en España, que fue Pedro Salinas con su libro La voz a ti debida. Y también los poemas de amor de Luis Cernuda.


Si pudiéramos poner una escala ¿el mundo de la poesía en cuánto lo valoraría?


Actualmente, incluyendo mis propios poemas, un cuatro.


¿Qué piensa del márquetin literario-poético actual?


Hay mucha mentira e intereses exclusivamente económicos.


Respecto a la política ¿qué es lo que nunca se ha atrevido a decir y siempre ha pensado?


Para mí la política es la matemática del poder. Contra el poder establecido, el joder no establecido.


¿Qué es la poesía?


La poesía es una actitud ante la vida, y una de las mejores soluciones frente a la muerte.


¿Qué es un poeta?


Un poeta es un ser humano que toma como actitud fundamental en su vida la actitud poética.


¿Qué es la soledad?


La soledad es lo que nos espera a la mayoría de los seres humanos con el paso del tiempo.


¿Cuál es el destino de un libro?


El destino de un libro puede ser, o la hoguera, o la basura, o la reventa, o durante un tiempo, durante una vida, un gran amor entre los brazos.


¿Cree en el hombre?


Creo en el ser humano y todas sus capacidades, bien intencionadas, pero están muy limitadas.


¿Por qué se ha casado tantas veces?


Porque me he enamorado muchas veces. Cada vez que me he enamorado me he casado.

POESÍA VIOLENTA

Á. Guinda

Carlos Eladio F anjul

https://youtu.be/MOQtqSfDf3I




Homenaje en Toledo el sábado 3 de septiembre de 2022, con intervenciones de poetas y amigos (Agustín Porras, Amador Palacios, Tere Irastortza, María José Sáen, Mariano Castro, Luis Tamarit, María Coduras, Alicia Martínez, Abdul Hadi Sadoun, Antonio Huerga, Charo Fierro, Trinitad Ruiz Marcellán...)

Homenaje en León el miércoles 31 de agosto, con la intervención de Nacho Escuín, Alfredo Saldaña y Trinidad Ruiz Marcellán

Homenaje al poeta Ángel Guinda

Sábado 10 de Septiembre en el Monasterio de Veruela